16 septiembre 2007

Más grande será la caída

Conviene leer antes “El signo de los doce”.


En la pequeña ficción que presentaba hace unos días, titulada “el signo de los doce”, se encontraba un pequeño juego lógico que estuvo de moda en mis tiempos de estudiante universitario –ignoro si lo sigue estando-, y con el que algunos profesores de algunas escuelas de ingeniería trataban de impresionar a los estudiantes de primer año, los novatos, intentando mostrarles cuan magno era el templo de sabiduría en el que se habían matriculado –y qué profesor más inteligente iban a tener ese año. En aquella época podías entrar en un bar de estudiantes un jueves por la noche y averiguar quienes eran los primerizos sólo con ver los grupos en que alguien se crecía contando el problema a otros amiguetes no iniciados en el tema. Pero, dejando el remember de lado, vayamos con nuestro enigma: ¿qué aconteció con los 12 socios consultores de Elitias después de aquella fatídica reunión? Bueno, pues que en la duodécima reunión semanal después de la marcha de Vicente, es decir, doce semanas después de las, a ala postre, trágicas palabras de Vicente, los 12 socios consultores de Elitias presentaron su dimisión tras ser conscientes de tener algún error en alguno de sus diagnósticos. Y con ellos desapareció la mítica, ahora más aún si cabe, Elitias Consulting. Buena venganza, la de Vicente.

¿Por qué? Bueno, considerando la racionalidad y honradez intelectual característica de un socio de Elitias, supongamos que sólo uno de ellos hubiera cometido un error que solamente es conocido por sus compañeros –si no ya hace tiempo que hubiera dimitido. Después de conocer las palabras de Vicente, en las cuales huelga decir que podía confiar fielmente, y no saber de la existencia de un error en ninguno de sus compañeros –y que hubiera sabido en su caso-, hubiera llegado a la conclusión de que el que tiene un error es él, dimitiendo en la próxima reunión semanal. Supongamos ahora que hay dos socios que han cometido un error. El resto de socios lo saben y, por lo que respecta a ellos dos, cada uno conoce el del otro y desconoce el suyo propio, por lo que el anuncio de Vicente no aporta nueva información a ninguno de los dos, cada uno piensa que es el otro. Por lo tanto, en la próxima reunión semanal no hay ninguna dimisión. Ahora bien, el hecho de que no haya habido ninguna dimisión les deja pensando. Cada uno de los dos socios con un error cae entonces en la cuenta de que debe haber otro socio con un error y, dado que sólo conocen uno, la conclusión es que él es el otro. Así pues, en la siguiente reunión, la segunda, los dos presentan la dimisión al ser conscientes de que tienen un error. Podemos repetir este proceso hasta llegar al caso en que los doce tienen un error y determinar que los doce dimitirán en la duodécima reunión. Bonito divertimento.

Pero, ¿sólo un divertimento? Si lo pensamos bien, que dimitan en bloque estos 12 personajes tan peculiares que siguen unos protocolos tan extraños tiene poco de espectacular –la historia del signo de los doce no eran tan extraordinaria, después de todo. Si me dijerais, en cambio, que la profesión de estos individuos es la de político, ahí ya me podríais pillar con la boca abierta –si mañana leo ya en el periódico que los diputados de algún congreso perdido por ahí han dimitido en bloque, hasta me caería de culo. No, lo realmente intrigante es lo siguiente: si cada uno de los 12 socios consultores de Elitias ya sabía, en realidad, lo que afirmó Vicente, ¿cómo es posible que su afirmación cambiara de forma tan trágica las cosas? El enigma sigue en todo lo alto, aunque ahí va una pista.