Conviene leer antes “El signo de los doce”.

¿Por qué? Bueno, considerando la racionalidad y honradez intelectual característica de un socio de Elitias, supongamos que sólo uno de ellos hubiera cometido un error que solamente es conocido por sus compañeros –si no ya hace tiempo que hubiera dimitido. Después de conocer las palabras de Vicente, en las cuales huelga decir que podía confiar fielmente, y no saber de la existencia de un error en ninguno de sus compañeros –y que hubiera sabido en su caso-, hubiera llegado a la conclusión de que el que tiene un error es él, dimitiendo en la próxima reunión semanal. Supongamos ahora que hay dos socios que han cometido un error. El resto de socios lo saben y, por lo que respecta a ellos dos, cada uno conoce el del otro y desconoce el suyo propio, por lo que el anuncio de Vicente no aporta nueva información a ninguno de los dos, cada uno piensa que es el otro. Por lo tanto, en la próxima reunión semanal no hay ninguna dimisión. Ahora bien, el hecho de que no haya habido ninguna dimisión les deja pensando. Cada uno de los dos socios con un error cae entonces en la cuenta de que debe haber otro socio con un error y, dado que sólo conocen uno, la conclusión es que él es el otro. Así pues, en la siguiente reunión, la segunda, los dos presentan la dimisión al ser conscientes de que tienen un error. Podemos repetir este proceso hasta llegar al caso en que los doce tienen un error y determinar que los doce dimitirán en la duodécima reunión. Bonito divertimento.
Pero, ¿sólo un divertimento? Si lo pensamos bien, que dimitan en bloque estos 12 personajes tan peculiares que siguen unos protocolos tan extraños tiene poco de espectacular –la historia del signo de los doce no eran tan extraordinaria, después de todo. Si me dijerais, en cambio, que la profesión de estos individuos es la de político, ahí ya me podríais pillar con la boca abierta –si mañana leo ya en el periódico que los diputados de algún congreso perdido por ahí han dimitido en bloque, hasta me caería de culo. No, lo realmente intrigante es lo siguiente: si cada uno de los 12 socios consultores de Elitias ya sabía, en realidad, lo que afirmó Vicente, ¿cómo es posible que su afirmación cambiara de forma tan trágica las cosas? El enigma sigue en todo lo alto, aunque ahí va una pista.
Muy bueno.
ResponderEliminarEn mis tiempos de estudiante, tambien existia un problema similar. Las protagonistas eran unas monjas en un convento de clausura con voto de silencio, que reciben una noche un mensaje divino: algunas han sido marcadas en la frente y deberan abandonar el convento tan pronto descubrieran que la tienen. Dado que en el convento no habia ningua superficie que pudera mostrarles su reflejo, solo podian valerse de su logica. Y al igual que los consultores (las marcas son visibles por todas menos por ellas), las monjas marcadas abandonaban el convento en bloque, tantos dias despues como numero de marcadas hubiera.
Pero volviendo a tu problema, mucho mas interesante, creo que el consultor expulsado no aporta informacion nueva (todos saben que hay al menos y error y que el resto lo saben) Pero permite poner el marcador a 0. Es decir: valida la condicion para n=1 (que si hubiera un unico error, el consultor que no supera de el deberia dimitir)
Vamos encaminados...
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