09 septiembre 2007

El signo de los doce

Si usted ha hecho negocios en Boston, mi querido y simple mortal, puede que se haya cruzado sin saberlo con uno de los 12 selectos socios consultores de Elitias Consulting. Lo más probable es que ni tan siquiera haya oído hablar de Elitias. Este hecho podría ser sinónimo de dos cosas: o su negocio nunca ha tenido problemas, escenario hartamente improbable, permítame que se lo confiese, o los problemas con que se suele enfrentar suelen ser del tipo que acecha al común de los mortales, al común de los negocios, nada de verdaderos problemas dignos de ser abordados por un socio consultor de Elitias Consulting. En verdad, nunca verá Elitias anunciada en ningún medio, por muy elitista que este sea. No aparece en ningún directorio de la cámara de comercio, ni en ningún ranking, están fuera de todo concurso. Tampoco los verá en una universidad tratando de captar a los mejores talentos recién titulados. No se moleste en encontrar su sede, descubriría con pavor la verdadera estructura fractal del callejero de Cambridge, y se perdería por cualquier dimensión fraccionaria en menos que aletea una mariposa. Su sede podría estar en todas partes, quizás no en este mundo.

Si, suponiendo que tuviese la increíble audacia de dirigirse a un consultor semejante, y le preguntara el por qué de tanto hermetismo, probablemente le respondería con apatía que para evitar ser confundidos con un vulgar consultor de una de las Top Five. A continuación desaparecería entre la bruma proveniente del Mystic River, dejando tras de sí un misterio por resolver y un gran caso que merecería la pena estudiar. Aunque no se me emocione, en el hipotético caso de que usted pudiera siquiera asirlo entre la neblina, ni en la próxima escuela de negocios de Harvard encontrarían su solución. Si, continuando con esta serie de suposiciones improbables, se encontrara con un desaliñado porta-cafés de triste figura, en un anónimo edificio de oficinas de cierta ciudad de la que nadie querría acordarse, y le preguntara cuál había sido la experiencia más gratificante de su vida, respondería, posiblemente sin pestañear, que el mes durante el que fue consultor en periodo de pruebas de Elitias, y el momento en que casi llegó a ser socio y no lo fue. Si, llevando finalmente las suposiciones a la frontera última de la imposibilidad, agudizara sus sentidos, podría incluso apercibir una tenue luminiscencia en el fondo de sus ojos que custodia uno de los secretos mayor guardados de la historia de la consultoría. Pero, como resulta altamente improbable que su progresión profesional ascienda tanto como para poder codearse con un socio consultor de Elitias Consulting, o se hunda profesionalmente como para acabar llevando los cafés a un becario, haciendo compañía al tipo de la triste figura, me temo que nunca se enteraría de la historia a menos que yo se la cuente.

No es fácil entrar en Elitias Consulting. Más bien podríamos decir que flirtea con lo imposible. Comparadas con sus pruebas de acceso, las de Mensa pasarían por las de un parvulario. Por eso el día que Vicente, doctorado en el MIT y habiendo arrasado en el MBA de Harvard, pasó las pruebas y entró por primera vez en el cuartel general de Elitias, sintió en su fuero interno que estaba destinado a hacer grandes cosas. Allí, entre aquellas paredes, estaban todas las claves del management. Lo que usted haya podido leer en los bestsellers más reputados, meros divertimentos de salón. Vicente tuvo conocimiento de la existencia de Elitias, y de que estaban en un proceso de selección, gracias a una confidencia que le hizo el profesor Brown, un extraño y misterioso personaje con aspecto de cura que había impartido el curso de Agilidad Estratégica durante el invierno anterior en Harvard. Pero discúlpeme usted que no pueda revelarle más hechos que los que están directamente relacionados con la extraordinaria historia que les tengo que contar. No se trata de economía narrativa, sino de no ir más allá de un límite que no me está permitido atravesar.

Elitias se rige por normas muy estrictas; y si hay una característica que la hace única, es la ausencia de estructura jerárquica. Todo consultor que se incorpora de nuevo, hecho muy poco frecuente, por cierto, debe pasar un periodo de prueba de un mes tras el cual los socios deciden finalmente su admisión en la organización, pasando automáticamente a ser socio consultor. Otra norma, relevante para nuestra historia, es la que obliga a que en la reunión semanal, a la que deben asistir fielmente los 12 socios consultores, todo socio que hubiese descubierto un error en alguno de sus diagnósticos tiene que hacerlo público en la reunión y seguidamente dimitir. Hasta el momento, nunca se había producido una declaración de este tipo porque ninguno de los socios era consciente de la existencia de un error en alguno de sus propios diagnósticos. Sin embargo estos errores existían. En el transcurso de los años, por lo menos un error había sido descubierto en los diagnósticos de cada uno de los socios, aunque por otro de ellos. La existencia del error o errores había sido comunicada al resto de socios excepto a su responsable, con el fin de evitar dimisiones.

Volvamos a Vicente. Su mes de prueba llegó a su final y los 12 socios decidieron que no podía ser admitido como socio consultor de Elitias Consulting. Viendo frustrada su esperanza, Vicente tomó su venganza en la última reunión semanal a la que iba a asistir. Cuando finalizó, se levantó solemnemente y se dirigió a la audiencia:
- Me ha sido muy grata mi presencia entre ustedes. Pero hay una cosa que creo que es mi deber comunicarles. Por lo menos uno entre ustedes tiene un error en alguno de sus diagnósticos, hecho que ha sido descubierto por otros socios.
Dicho esto, se dispuso a recoger sus cosas para marcharse de Elitias y no volver jamás.

Y aquí finaliza la parte que me está permitido narrar de los hechos extraordinarios que acontecieron cierta primavera en algún punto de la geometría de Cambridge, Massachussets. Mucho me temo que el resto de la historia lo tendrá que descubrir usted por su cuenta: ¿qué aconteció con los 12 socios consultores de Elitias después de aquella fatídica reunión?