Plagi-variaciones sobre un tema de Woody Allen
Lee antes la primera, segunda y tercera parte de esta historia
Cuarta parte


- ¡Vaya quien tenemos aquí! –clamó cuando se percató de mi presencia–, nuestro desaparecido Margaix.
- Siento llegar tarde –traté de excusarme –, pero es que…
- ¡Pero cómo! ¿No te has enterado? –interrumpió bruscamente al tiempo que el resto de cuchicheos cesaba y todo el mundo en la sala centraba su atención en nosotros.
Me quedé en silencio confundido por la situación. Jack prosiguió:
- Pues va a ser verdad que estabas desaparecido –dicho esto se le quedó una sonrisa de oreja a oreja que rápidamente volvió a bailar al continuar–, ¿abducido o algo así?
- La verdad Jack, no sé a qué te refieres…
- Total Leadership Inc. ha declarado suspensión de pagos –mi engranaje neuronal parecía ya comenzar a coger velocidad de proceso. Aunque, al ver que seguía sin decir nada siguió dándole a su palique.
- Sí hombre, la primera y única consultora del ranking TOP ONE. Ya sabes que el sector del liderazgo es como la Copa América, no hay segundo.
- ¿Suspensión de pagos? –mascullé atónito.
- Sí. Parece ser que un pirata informático entró en sus bases de datos y ha liberado todo su know-how por Internet. Todo. Las soluciones de sus casos de estudio, desarrollo de las dinámicas de grupo, hasta los trucos que utilizaban. ¿Te acuerdas de aquella compañía intermedia que cogieron hace unos años y consiguieron meterla en la lista de Fortune 500?
- Sí.
- Pues pusieron como CEO en la sombra a un mono tocando la flauta.
- No, si al final va a tener razón Nassim Taleb –dije recordando la lectura reciente de su libro “engañados por el azar”.
- Sus acciones en bolsa se desplomaron hasta el punto de que tuvieron que dejar de cotizar; ahora mismo estamos todos expectantes de lo que ocurra cuando abra de nuevo esta mañana.
- Pero, has dicho que han suspendido pagos.
- Bueno, sí. La verdad es que ya no tienen nada que hacer. El desplome en bolsa fue mortal de necesidad. Ya sabes que una compañía cuyos activos son intangibles…
Estaba estupefacto, aunque una pequeña luz parecía querer abrirse camino en mi túnel particular.
- Jack, ¿te dice algo el nombre de Rachel Quest?
- En absoluto.
- ¿Y el de Eleanor Ramsay? –aquí Jack frunció el entrecejo y movió sus ojos hacia la parte superior derecha, como intentando recordar algo.
- Espera, ¿no te referirás a esa que ha escrito un libro sobre Taylor y los principios del management científico?
- ¿Taylor dices?

- Un momento cariño; estaba saliendo de la ducha.
Entonces vi impresas sobre la moqueta unas huellas de humedad con forma de pie que iban y venían desde la puerta hasta el baño. Sobre la mesa junto al sofá permanecían aún los dos vasos con un pequeño poso de agua proveniente de los restos de hielo derretidos. Al frente, el Matisse hacía guardia junto a la puerta que conduce a su habitación. Al poco tiempo apareció envuelta en un albornoz rojo y con su magnífico pelo húmedo. El aroma sublime de su cuerpo eclipsaba la imagen de los jardines de Versalles y ruborizaba la luna. Sus ojos refulgían como puntas de iceberg contra los que podría estar naufragando cada noche durante toda una eternidad.
- ¿Te has enterado cariño? –dijo–, las acciones de Total Leadership Inc. están por los suelos.
Guardé silencio.
- Hace un rato –prosiguió–, decían en los informativos que las investigaciones apuntan a que la crisis ha sido obra de un reduccionista. Me había preocupado un poco por ti, en la cámara de comercio todo el mundo conoce tu simpatía por las ideas de Dawkins, Pinker y Weinberg. ¿No tendrás nada que ver, verdad?
- No cariño, fuiste tú. Ni Rachel Quest ni una directora de recursos humanos, sino la doctora Eleanor Ramsay, profesora en Queens, la directora más joven de un departamento en una escuela de negocios. Y con un coeficiente intelectual y emocional de vértigo; se dice que bien podrías ser la décima inteligencia de Howard Gardner.
- ¿Cómo te has enterado de todo eso? –su voz de sirena se quebró al tiempo que sus icebergs parecían entrar en un mar en sombras.
- Durante un congreso de Management te liaste con un CEO de la new age y gurú en ciernes que se inyectaba mucha filosofía ayurveda. Estaba casado, aunque esto no detuvo el gran amor que surgió entre vosotros. Pero, una vez eliminados los obstáculos, la relación no funcionó. Algo más poderoso se interponía entre ambos: ¡las leyes espirituales del éxito de Chopra! Tu CEO acabó vendiendo su Ferrari, te dejó y se hizo monje en el Tíbet. Él creía, o quería creer, pero tú, con esa preciosa cabecita racional y tu formación en el Management científico, necesitabas la certeza absoluta.
- No, Santiago, te juro que no ha habido nadie como tú –aún deseaba hacerme ilusiones de que lo nuestro pudiera funcionar, pero ya llevaba carrerilla.
- Entonces –continué–, simulas hacer un mapa mental con todos los obstáculos, que luego destruyes. Para ejecutar tu plan necesitabas tiempo, por eso hiciste desaparecer todas las publicaciones de David Allen de las tiendas de los aeropuertos. Luego prescindiste de los siete hábitos, o los ocho, o por los que vayan ahora, para que nada disminuyera tu eficacia. Y estuviste por fin preparada.
- ¿Preparada para qué? No sabes lo que dices.
- Rociaste con una solución de ácido sulfúrico al 10% el bosque del líder para hacer creer que había sido la lluvia ácida; durante la última tormenta solar aprovechaste para desimantar la brújula interior; enviaste queso curado a todas las organizaciones de la lista Fortune 500; al líder resonante lo metiste en una atracción de feria y rompiste la palanca de control, y resonó que no veas, aún están recogiendo los trocitos por todo el parque de atracciones; y a Bono lo dejaste sin ningún sombrero para que no pudiera pensar acerca de lo que estaba ocurriendo. Cuando por fin consiguió irse por la lateral ya era demasiado tarde.
- ¡Santiago, estás loco! Debe ser por los años que te pasaste oliendo pólvora quemada de petardo.
- No nena. A continuación, te hiciste pasar por miembro de la orden de la quinta disciplina. Senge es amigo de Jaworski y eso te condujo a la sincronicidad. Y de la sincronicidad a la mística cuántica de Chopra. Y cuando Niels Bohr no miraba, te cargaste la interpretación de Copenhague.
- ¿Quién diablos es Niels Bohr? ¿De que interpretación estás hablando?
- ¿Qué importancia tiene? Ahora, de cualquier modo, el universo vuelve a ser determinista. Aunque eso es otra historia. Lo realmente grave es que has dejado el Management sin liderazgo, sin Total Leadership el management ya no tiene sentido.
- Santiago –dijo ella mientras sus icebergs se hundían en el mar de sus retinas–, ¿me entregarás?
- No me queda más remedio. Cuando una gran consultora recibe un golpe como este, alguien tiene que pagar los platos rotos. Además, estabas intentando utilizarme para completar tu plan.
- Pero eso fue al principio, luego me enamoré de ti. Oh, Santiago, escapémonos juntos lejos de todo esto…
- Aquí en estas 1.200 páginas está todo; el informe más breve que he escrito desde que soy consultor –repliqué parapetándome detrás del tocho.
- Solos tú y yo. Olvidemos el management. Podemos comprar un rancho en el desierto de Arizona, tener hijos y, tal vez, más adelante, escribir un blog.
- Lo lamento Rachel, es demasiado tarde.
Llovía en el mar de sus retinas cuando se acercó y acarició mi mejilla con una de sus manos al tiempo que la apertura de su albornoz dejaba entrever el universo entero; algo dentro de mí deseaba sucumbir en él. Su otra mano estaba a punto de prenderle fuego al informe con un zippo de los Maple Leafs. Le sujeté la muñeca con mi mano y el mechero cayó al suelo. En sus retinas tan sólo restaba un mar desolado.
- ¿Cómo has podido hacerlo, Santiago?
Tenía un nudo en la garganta, sentía cómo el mundo ya no iba a ser el mismo, pero me las arreglé para contarle el resto de la historia:
- Como dijo Michael Trunker, alias “proton Mike”, en su conferencia de clausura del congreso MegaManagement 2006: “… y todo esto que acabamos de ver es crucial para el futuro del Management porque, según los últimos avances de la mecánica cuántica, el capital humano es una nueva forma de energía que impregna la organización en forma de cuantos, proporcionales a la frecuencia de las ondas de liderazgo resonante. Esta energía alcanza la máxima expansión a lo largo de la organización cuando el campo inflatón toma un valor diferente de cero, y exige una gestión equilibrada al borde del caos para que emerjan los sistemas autoorganizados. Una buena gestión de riesgos exige que a lo largo de este proceso se vigile bien el límite de Chandrasekar para el grupo profesional de fermiones, manteniendo apartados del proceso al grupo de los bosones. La catástrofe podría sobrevenir si el proceso colapsara por debajo de su horizonte de sucesos. En ese caso, el capital humano se nos escaparía de la organización en forma de radiación Hawking. Este es el gran reto al que se enfrenta el Management del nuevo milenio. Es un concepto sutil pero espero que lo hayáis pillado antes del cofee break”. –Dicho esto, di media vuelta y abandoné el apartamento.
Cuando bajaba en el ascensor, el hilo musical dejaba escapar el sonido de Thelonious Monk interpretando al piano el “I love you” de Irving Berlin. Un único pensamiento ocupaba mi mente en ese momento: a pesar de que solamente tuve que salir de su apartamento y coger el ascensor, me preguntaba por qué me había costado tanto hacerlo.
Fin

Me ha gustado mucho!
ResponderEliminarMe alegra saber eso!
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