
En el capítulo segundo, en el que habla de los elementos de las realidades de Hollywood, en una sección denominada “Las reuniones”, comienza así:
“Quienquiera que inventase las reuniones debía estar pensando en Hollywood. No estaría mal que dieran Oscars por reuniones: La Mejor Reunión del Año, La Mejor Reunión Secundaria del Año, La Mejor Reunión Basada en el Material de Otra Reunión. Un estudio, cosa típica, anunció recientemente que contaba con ciento ochenta y tres proyectos en marcha. ¿Podemos imaginar la cantidad de gente que supone eso? (…) De esos ciento ochenta y tres proyectos, quizás diez cuajen en algo final. Y sólo una persona en el estudio tiene la capacidad de dar luz verde. Entonces, ¿en qué se supone que emplean el tiempo los restantes ejecutivos? ¿Cómo justifican sus salarios? ¿Cómo llenan el día de los productores? Las reuniones son la salvación de todos ellos. Sospecho que esos ciento ochenta y tres proyectos, como mínimo, suponen unas mil reuniones”.
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