06 mayo 2007

Por qué cuesta tanto planificar

“La vida se debe vivir hacia delante
aunque se entiende hacia detrás.”
Soren Kierkegaard.

No hay nada como ver las cosas en retrospectiva. Cuando todo ha finalizado y el humo de la batalla se ha disipado, dejando a la vista sus restos reposando junto al curso que han seguido los acontecimientos, todo cobra sentido repentinamente, incluso para aquellos que se mantuvieron agazapados a lo largo del proyecto eludiendo cualquier responsabilidad ante el cariz que suele tomar la coyuntura a poco que la cosa se ha puesto en marcha. Suele ser así. Es ley de vida. Y de naturaleza humana. El fin de un proyecto es el típico momento en el que uno puede encontrar, sin buscarlos, plétoras de expertos en gestión de proyectos, con un buen surtido de explicaciones de los errores, identificación de los culpables y con las decisiones que deberían haberse tomado; ahora que ya son obvias. ¡Quién los hubiera tenido en el momento en que se estaba planificando!, teniendo en cuenta que dicho momento haya existido alguna vez.

La gente se resiste a planificar por diversas y variopintas razones, pero quizás una que subyace en el fondo de todas ellas es la pereza de esforzarse en intentar predecir el futuro, Deming ya dijo que “gestión es predicción”. Una excusa muy común es que no se puede planificar lo incierto. Creo que detrás de esta afirmación reside una confusión semántica, ¿qué es planificar si no? La certidumbre, la evidencia de los hechos pasados, no se planifica; se documenta, y para eso ya están los historiadores, no los jefes de proyecto. Aunque no conozcamos el camino de antemano, debemos trazarlo. Pero aún podemos aprovechar el efecto de la retrospectiva: una vez visualizados los objetivos del proyecto, en vez de andar a tientas hacia ellos podemos intentar construir el camino inverso hacia el punto de partida. ¿Qué deberíamos haber hecho, y cómo, para obtener este resultado? Y así de forma sucesiva hacia atrás. No deja de ser una forma de intentar predecir resultados inciertos, pero quizás alivia ese estrés, o nos disuade de escondernos ante la toma de decisiones, que se genera ante la incertidumbre. Inventa un futuro e intenta reconstruir y entender el pasado que lo originó pudo haberlo originado.