04 septiembre 2008

Feynman on Project Management

Debido al comentario de Improbable en la anterior entrada, no he podido evitar comentar algo sobre las enseñanzas que podemos obtener de Richard Feynman para la Dirección de Proyectos: curiosidad, pasión por la incertidumbre, integridad intelectual, enfrentarse a lo desconocido a pecho descubierto, sin corsés ni esquemas mentales preconcebidos.

En primer lugar, un grandioso ejemplo de una explicación sencilla, clara y objetiva de las razones que pueden subyacer a un hecho. Sin el tipo de lenguaje oscuro y/o rimbombante que se utiliza para disimular el hecho de que no se tiene nada que decir: su célebre comparecencia televisada en la comisión Rogers que investigó las causas del accidente del transbordador espacial Challenger. Quiero hacer especial hincapié en que, cuando unas líneas más atrás decía objetiva, no me refería a que la explicación sea o no demoledora –independientemente de que en realidad determinara la causa-, sino a que el proceso utilizado es objetivo, permite mantener un debate en un nivel objetivo susceptible de llegar a unas conclusiones que se tornan inevitables para todo el mundo –es decir, aquello no se convierte en un gallinero ni un tratado de filosofía posmoderna-. En esos términos es como debería llevarse una sesión de control de un proyecto y un análisis de causas de desviaciones.




En segundo lugar estas declaraciones en una entrevista con la BBC en las que habla de nuestra posición ante lo desconocido y nuestra convivencia con la incertidumbre –¿suena de algo?-. Toda una declaración de principios.






Y por último, amigos, por qué la Dirección de Proyectos -como subconjunto de otras disciplinas- no es una ciencia.




No es lo que sabemos lo que importa, sino lo que aún no sabemos –y nuestra predisposición a querer conocerlo-. Porque vivimos en un mundo de incertidumbres y no de certidumbres. Entonces, ¿por qué demonios se juzga a un candidato por lo que hay escrito en su currículum y no por los espacios en blanco? No debería extrañarnos por que nos pilla siempre el toro.