03 julio 2007

Caso de estudio

Hoy vamos a jugar a los MBAs.

El 31 de mayo del 2000 Jeff Schmidt, que trabajaba como editor de la revista Physics Today fue despedido después de que la dirección del Instituto Americano de Física (AIP), organización que publica la revista, se enterara de que había escrito el libro Disciplined Minds: A Critical Look at Salaried Professionals and the Soul-Battering System That Shapes Their Lives, que viene a decir algo así como “Mentes disciplinadas: una mirada crítica del asalariado y del sistema maltrata-voluntades que condiciona su vida”. La razón del despido, según el AIP, no tuvo nada que ver con los contenidos generales del libro, sino porque el acto daba a entender que Jeff Schmidt no estaba comprometido con la organización, según se relata en un artículo en The Chronicle of Higher Education del 9 de junio del 2000. Al parecer, la aparentemente provocativa introducción del libro no sentó muy bien a la dirección de AIP:

“Este libro es robado. Es decir, una parte de él ha sido escrita con tiempo robado. Sentí que no tenía más elección que hacerlo así. Como millones de otras personas que trabajan para vivir, entregaba la mayor parte de mi mejor tiempo a mi organización. Mi trabajo no me dejaba con la energía suficiente para dedicarme a mi propio proyecto, y nadie me iba a contratar parta perseguir mi propia visión, especialmente dada mi actitud irreverente hacia mis empleadores. Trabajaba en Nueva York como editor de una revista científica, aunque mi trabajo, como muchos otros, no era intelectualmente estimulante permitiendo tan sólo una creatividad muy limitada. Sabía que si no me enfrentaba con verdaderos retos intelectuales ni ejercitaba una verdadera creatividad –y si no hacía nada para moldear el mundo de acuerdo con mis propios ideales– mi vida sería insatisfactoria, por no decir estresante y aburrida. Sólo pensar en tener que aceptar esa situación me parecía enfermizo. Así que comencé a dedicar parte del tiempo en la oficina y otra parte en casa, dejé de ver la televisión, a mi propio trabajo para poder escribir este libro”.

Por otro lado, según narra Denis Cioffi, profesor de Dirección de Proyectos de la Universidad George Washington, en un artículo de junio del 2000, Jeff Schmidt recibió durante sus 19 años trabajando como editor de Physics Today evaluaciones del desempeño satisfactorias o por encima de la media. ¿Cuál es el problema entonces? Para Cioffi los jefes de Jeff Schmidt debían estar tan poco seguros de sus propias estimaciones acerca del esfuerzo de sus subordinados que se contentan solamente con descripciones superficiales de su trabajo. Según este método de gestión, deberían haberle doblado el salario si hubiera confesado, en cambio, que estaba tan abrumado por su trabajo que empleaba 75 horas para realizar su trabajo semanal. Así pues, dado que al parecer no se intentó cuantificar ese tiempo supuestamente robado, Cioffi propone el siguiente:

Supongamos para empezar que Jeff Schmidt se dedicó sólo a pensar en su libro en sus horas de oficina desde que comenzó a trabajar como editor del Physics Today. Supongamos también que dedicaba al trabajo el 90% de su tiempo, un porcentaje mayor del que recomiendan los libros de gestión y productividad. Con este porcentaje Jeff Schmidt podría haber dedicado al libro alrededor de unas 3.500 horas de su tiempo de oficina, tiempo probablemente suficiente incluso para haberlo escrito. Bajo esta perspectiva se puede ver claramente el problema de Jeff Schmidt: es una persona centrada. Si, en cambio, hubiera malgastado su tiempo muerto de la forma que hacemos la mayoría –correo electrónico, teléfono, navegar por la Web, conversaciones en la máquina del café, comidas excesivamente largas, incluso cálculos de física teórica, “¡que echen a ese tal Einstein de la oficina de patentes que no está completamente comprometido!”-, no hubiera tenido tiempo para poder hacerlo. Y eso que hemos considerado un porcentaje de productividad mayor del que los estudios muestras como realista, de manera que quizás deberíamos preguntar a Jeff Schmidt por qué no ha escrito dos libros en vez de uno. Pero Cioffi aún va más lejos. ¿Y qué si utilizó una fracción mucho más grande de su tiempo para escribir el libro? Supongamos que dedicó el 90% de su tiempo. Como decíamos al principio, durante 19 años recibió evaluaciones del desempeño satisfactorias o por encima de la media. De hecho, en el momento de su despido iba con dos meses de adelanto en su trabajo, habiendo completado su cuota anual en 10 meses. ¿Cuan eficiente es este tío? ¡Deberían ascenderle! Debería estar enseñando al resto cómo trabajar tan bien. Y acaba diciendo: si sólo trabaja el 10% de su tiempo podría escribir la revista en tres días y tomarse el resto del mes libre. Después de tan sólo 19 años, ¿no es un gran descubrimiento?

Finalmente, Jeff Schmidt, después de 6 años de batalla judicial, consiguió en marzo del año pasado que los tribunales decretaran que se restituyera su reputación, se le indemnizara y se le readmitiera en su trabajo, del que dimitió horas después. Jeff Schmidt tuvo que hacer, a su vez, algunas concesiones a AIP.

Palabras clave: productividad, evaluación del desempeño, motivación, liderazgo, alienación.