08 noviembre 2006

Dos desafíos (1)

Telesforo se pasa el dedo índice de su mano izquierda por el estrecho margen que queda entre la nuez de su garganta y el cuello de su impecable camisa blanca de corte italiano. En ese instante, la corbata de Ermenegildo Zegna se le asemeja más a una soga que lo va a estrangular de un momento a otro. La cosa no es para menos. A causa de una ligereza cometida durante la toma de requerimientos, unos meses antes, uno de los módulos de software del CRM que está implantando en un banco no ha pasado las pruebas unitarias. Y no es que no las haya pasado, con toda probabilidad va a haber que rehacerlo por completo. Unos 40.000 € tirados a la basura. Bueno, quizás el asunto no esté completamente negro. A veces el insomnio, como el de la noche anterior, sirve para pergeñar algún parche que otro.

Después de meditarlo a la luz de la vigilia, se le ocurrieron dos remiendos alternativos a rehacer por completo el módulo y perder 40.000 €. El primero es consecuencia inmediata de descubrir que, en realidad se podría reutilizar una parte del código recuperando así unos 15.000 €. El segundo consiste en realizar unas pequeñas modificaciones en las programaciones de los módulos restantes, con un coste despreciable, para que, una vez integrados todos los módulos, la aplicación funcione en su conjunto –hay que ver lo que da de sí una noche de insomnio. El punto de emoción lo da el hecho de que la probabilidad de que salga bien es de 1/3 y, por tanto, 2/3 de que no salga bien y acabe rehaciendo el módulo por completo –Telesforo se empleó a fondo en su gran noche. Y ahora viene el desafío nº 1: ¿cuál de las dos soluciones escogeríais vosotros, estimados lectores?

Otros 40.000 € va a palmar Juanma, un analista de una pequeña firma de capital riesgo que acaba de abrir la ventana de su oficina para que la fresca brisa de la mañana le aclare un poco las ideas. Por un instante de tiempo infinitesimal, su mirada se cruza con la de otro tipo en el edificio de enfrente que se pasa angustiado el dedo entre su cuello y el de su camisa. Podría perder esos 40.000 € que se ha gastado en el estudio de un proyecto empresarial de unos emprendedores que, tras demostrarse que la inversión sería suicida, no podrá recuperar –lo que se conoce como costes evitables. Los podría perder a menos que considere alguna de las dos alternativas siguientes. La primera consiste en invertir en otro proyecto más viable de esos emprendedores a cambio de pagar sólo 25.000 € por el estudio realizado (el resto correría a cargo de los emprendedores). Y la segunda poner en marcha cierto plan de contingencia que le ofrece una probabilidad de 1/3 de que no pierda los 40.000 €. Y con esto, el desafío nº 2: ¿cuál de las dos soluciones escogeríais vosotros, estimados lectores?

Que lo disfrutéis.