19 septiembre 2006

Creer o pensar críticamente

Pertenezco a esa generación que tuvo su despertar adolescente en la década de los ochenta. En ese periodo convulso en el que se entrelazan los primeros logros personales y los primeros desengaños, Golpes Bajos cantaba que corrían malos tiempos para la lírica. En realidad, por lo que respecta al pensamiento crítico, nunca han corrido buenos tiempos. Es algo que he ido constatando a lo largo de mi experiencia en diferentes ámbitos profesionales, y sociales en general -mundo académico incluido. La empresa, y el microcosmos de los proyectos en particular, tampoco se libran de esa extraña experiencia. Se habla mucho de aprender cuando lo que se observa es una simple clonación a granel de conocimientos ausente de cualquier atisbo de reflexión acerca de su naturaleza. Se cree en los conocimientos y no se discierne entre ellos y los supuestos que los sustentan. Se llama experiencia al simple hecho pasivo de ver pasar el tiempo más que a vivirlo de forma activa, a aprehenderlo.

El creacionismo se ha convertido en el blanco más fácil de los defensores del pensamiento crítico, pero actitudes similares se encuentran en cualquiel otro ámbito. Como por ejemplo el management, campo en el que últimamente proliferan conceptos, extraídos de otros contextos que no tienen nada que ver, como fórmulas de Einstein, la física cuántica o el conjunto de Madelbrot. Siempre ha sido más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio -alguna razón evolutiva habrá para ello, supongo.



Abre pues los ojos, compañero.

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