18 enero 2012

El halcón maltés y la crisis financiera

No es la primera vez que la temática de este blog se ha cruzado con el cine y la literatura. Antes de esta entrada ya había unas once entradas etiquetadas como tal. En esta, además, volvemos con un título (literario a su vez llevado al cine) que ya aparecía en tres de ellas. “El Halcón Maltés”, de Dashiell Hammett, es una fuente inagotable de ejemplos de la vida diaria, de la naturaleza humana, de las características de nuestra interacción con el medio y con el resto de seres humanos; y de metáforas para casi lo que queramos.

No hay nada como el dinero contante y sonante –una afirmación harto retórica en estos tiempos de crisis <póngase el adjetivo que se desee> y ausencia de liquidez. La mayor parte de los negocios que siguen funcionando bien –es decir, no sólo funcionando, sino bien- poseen al menos estas dos características: (1) pago en metálico y (2) antes de la entrega del bien o servicio; además de que haya clientes que desean adquirir dicho bien o servicio, claro. Quizás las cantidades no tengan que ver con las de unos pocos años atrás, ni mucho menos con las que se escribían con humo –el vapor que exhalamos cuando hablamos- en la época de expansión exponencial de casi todo: crecimiento, bienestar, endeudamiento –o su eufemismo apalancamiento-, sueños, ilusiones, etc. Pero quién daría su reino hoy en día por tener encima de la mesa, contante y sonante, la mitad de lo que le debe la administración pública –sea reino, taifa, cantón o minifundio- o la del importe de ese pagaré que ya sabe dolorosamente que no cobrará nunca.

Y aquí es donde nos cruzamos con “El Halcón Maltés”. “El Halcón Maltés” es como una joyería porque está lleno de joyas, es decir diálogos sin desperdicio. El que nos interesa está dividido en dos momentos de la historia. Los reproduzco según la versión de la película.

El primero corresponde al momento en que el detective Sam Spade está negociando con Kasper los términos de la entrega del halcón:

KASPER: Y ahora, antes que hablemos de precio, ¿cuánto tiempo tardará en tener el halcón?
SPADE: Un par de días.
KASPER: Eso me satisface. Por una buena operación. Con beneficio para los dos.
SPADE: ¿A qué llama una buena operación?
KASPER: Le daré 25.000 dólares cuando me entregue el halcón. Y otros 25.000 un poco después o le daré la cuarta parte de lo que yo obtenga por el halcón. Eso significa una suma mayor.
SPADE: Cuanto mayor.
KASPER: Quién sabe… Pueden ser 100.000. ¿Me creerá si le digo la cifra que parece la mínima probable?
SPADE: ¿Por qué no?
KASPER: ¿Qué diría usted ante un cuarto de millón?
SPADE: Entonces cree que el bicho vale un millón.
KASPER: Son palabras de usted.
SPADE: Hum, es mucho dinero.

Más tarde en la historia, se vuelven a reunir para efectuar la entrega del halcón.

KASPER: Siéntense, por favor.
SPADE: ¿Está dispuesto a hacer el primer pago y recibir el halcón de mis manos?
KASPER: Bien, en cuanto eso… aquí tiene –le responde entregándole un sobre que Spade abre.
SPADE: -Inspeccionando el contenido del sobre- ¿Diez mil? Habíamos hablado de mucho más dinero.
KAPSER: Sí, en efecto. Pero esto es dinero de verdad. Con un dólar se puede comprar información por valor de diez.

Son tiempos de rebajas…

1 comentario:

Rodolfo dijo...

La naturaleza humana no falla, siempre podemos contar con la codicia, la estupidez y el ego exagerado que tienen muchos de esos que han llegado a posiciones de poder. Es increíble cuan tercos son los hombres y cuanto les resulta difícil de aprender de sus propios errores.