08 diciembre 2010

Gestión de la Incertidumbre, ¿una nueva área de conocimiento? (2)

“El problema de poner dos y dos juntos es
que a veces obtienes cuatro y otras veintidós.”

El hombre delgado, Dashiell Hammett.


Segunda parte: no tan elemental, querido Holmes


Leyendo el subtítulo de esta segunda entrada dedicada a la gestión de la incertidumbre, se podría pensar que, o bien me he equivocado con el carácter negativo de la aserción y con la persona querida de la famosa cita o bien, en alguna recóndita y olvidada página de algún manuscrito perdido, Sir Conan Doyle se permite realmente la travesura de mostrar al sumiso Dr. Watson echando una canita intelectual al aire y soltándose la melena fuera del bombín. Pero la verdad es que el título es totalmente alevoso y dudo, además, que exista tal subversivo manuscrito.

Puede que nuestro decimonónico y victoriano Watson nunca se hubiera atrevido a contradecir la férrea y determinista lógica inductiva de Holmes. Es más, no apostaría ni un penique a que ni tan siquiera se le hubiera ocurrido que se pudiera dar tal posibilidad. Pero, a buen seguro que si Holmes hubiera coincidido en algún abigarrado caso con el anónimo agente de la Continental o con Sam Spade –ambos personajes, también literarios, creados por Dashiell Hammett-, o con el Philip Marlowe de Raymond Chandler –incluso con el Lew Archer de Ross Macdonald-, seguro que alguno de éstos se hubiera dirigido en algún momento a Holmes en esos términos.

Así que va a ser que no. El subtítulo de esta segunda parte no es un desliz. Existe una diferencia fundamental entre el género detectivesco decimonónico representado por Conan Doyle y Agatha Christie, entre otros –aunque con honrosas excepciones como la de Wilkie Collins-, y el que inaugura Hammett y siguen Chandler y Macdonald. En el primer caso la realidad se describe como una partida que se desarrolla en base a unas reglas de transformación claras y conocidas. El detective se las tiene que ver con una información inexacta, ambigua, engañosa y hasta falsa, de manera que su trabajo consiste en un ejercicio de desambiguación que tiene como colofón la demostración razonada de que el mayordomo es quien lo hizo, o no, y por qué motivos –el “Poirot lo sabe todo” de los finales de los relatos de Agatha Christie, o el tan aclamado como falaz “una vez que se descarta lo imposible, lo que queda es la verdad por improbable que parezca” de Holmes-. Cada pieza encaja finalmente su lugar en el rompecabezas y con ello la partida llega a su fin natural.

En cambio, la realidad con la que se enfrentan Spade, Marlowe y Archer, la que tiene que ver más con la verdadera realidad, vaya, es mucho más prosaica. El abigarrado tejido que conforma las interrelaciones humanas nunca puede ser desenmarañado en su totalidad, la omnipresencia del detective decimonónico no es más que una ilusión, un mero juego de salón. Estos verdaderos detectives, como los anteriores, se enfrentan con información inexacta, ambigua, engañosa y falsa. Pero lo que descubren es que la realidad que los implicados o relacionados en el caso tienen por tal es una fabricación, una ficción, una realidad falsa y alternativa que se ha montado antes de que ellos entraran en escena. Y su misión es destruir y privar de ficción esa realidad, no para encontrar la verdadera realidad subyacente, sino para construir otra ficción “auténtica” de lo que “realmente” ocurrió, aunque no sea más plausible ni menos ambigua que las versiones con que se ha encontrado a lo largo de su investigación.

Los detectives decimonónicos desarrollan su actividad en un escenario de certidumbre, aunque inicialmente oculta pero certidumbre. Los detectives posteriores desarrollan su actividad en un escenario de incertidumbre. Y su metodología tiene que ser diferente. Porque “una vez que se descarta lo imposible, lo que queda es la verdad por improbable que parezca” sólo es aplicable en aquellos contextos en los que se puede asegurar de antemano que se conoce todo el conjunto de datos, de manera que al descartar los imposibles lo que quede es lo que vale porque no nos estamos dejando algo más. Dudo que los aferes humanos raramente entren dentro de esa posibilidad. De hecho, el único campo que conozco en el que se da ese caso es el estudio de la Naturaleza –y la metodología utilizada se conoce como Ciencia-. Es probablemente el éxito que tuvo la Física durante el siglo XIX lo que llevó a intentar extrapolar infructuosamente este escenario de certidumbre a asuntos humanos como la economía, sociología y política. Y también a las historias de detectives.

Afortunadamente, las historias de detectives han sabido desprenderse de dicho lastre –lamentablemente, el resto aún no-. Por lo que respecta a la Dirección de Proyectos, podemos aprender algo de Gestión de la Incertidumbre en las historias de Hammett, Chandler y Macdonald. En el próximo capítulo pondré un ejemplo a modo de parábola con una historia…

Ver la entrada anterior de esta serie.