03 octubre 2010

El principio de Peter en los Ig Nobel

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El pasado jueves tuvo lugar la ceremonia de entrega de los premios Ig Nobel de este año, dedicados a investigaciones que hacen reír a la gente... y después pensar. Este año, por primera vez desde que fue instaurado por Improbable Research –organización que también publica la revista Annals of Improbable Research- en el año 1991, se ha concedido un premio dentro de un área inédita hasta el momento: la Gestión.

Los merecedores del galardón han sido unos investigadores italianos de la Universidad de Catania, concretamente por su trabajo “The Peter principle revisited: A computational study” –también se puede consultar aquí, por si el anterior enlace desapareciera-, aunque el motivo que esgrimieron los que concedieron el premio es más pomposo: por demostrar matemáticamente que las organizaciones serían más eficientes si promocionaran a la gente al azar. Si este extraño –¿subversivo?- título no te dice nada es que te encuentras entre los que mostraron indiferencia la primera vez que oyeron hablar del Principio de Peter. Si, por el contrario, te dice algo, perteneces sin ninguna duda al grupo de los que sonrieron cuando oyeron hablar del principio, y luego se quedaron pensando, rememorando y sonriendo nuevas y repetidas veces, jeje.

Dado que es muy improbable que nadie que esté interesado por los contenidos de este blog no haya oído hablar nunca del principio de Peter, no voy a dedicar más líneas a ello más que la necesaria para recordar su enunciado original:

En una jerarquía, tiende a ascender todo empleado a su nivel de incompetencia.

A pesar de esta popularidad, o más bien debido a ella, recomendaría la lectura del libro que escribió el descubridor de dicho principio hace ya 50 años, el psicólogo Lawrence J. Peter. La popularidad siempre puede desvirtuar el verdadero sentido de aquello a lo que ha dotado de fama, y más teniendo en cuenta las consecuencias humorísticas del principio.

Dicho esto, vayamos con lo que han hecho los premiados con el Ig Nobel de Gestión del año 2010. Pues lo que han hecho es realizar por primera vez una simulación con diferentes escenarios de la evolución de una organización jerárquica en función de la dinámica de ascensiones a través de la misma. Y la conclusión a la que han llegado, entre otras cosas, es la confirmación del Corolario de Peter:

Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.

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Pero veamos con detalle cómo la han hecho. Han construido una jerarquía de cierto número de niveles, con cierto número de miembros en cada nivel. En el modelo, cada miembro de la jerarquía está caracterizado por dos parámetros: su grado de competencia en un nivel dado –un número que varía entre 1 y 10- y su edad –que varía entre 18 y 60 años-. Para determinar el estado inicial de la jerarquía, los valores de cada uno de los dos parámetros anteriores se asignan de forma aleatoria dentro de una distribución normal de la siguiente manera: el grado de competencia con media 7 y desviación típica 2, la edad con media 25 y desviación típica 5.

Esta jerarquía se hace evolucionar con el tiempo siguiendo el siguiente modelo computacional:

  1. En cada paso temporal los miembros de la jerarquía en cada uno de los niveles cuyo grado de competencia está por debajo de 4 y cuya edad está por encima de 60 dejan bacante vacantes -oops! bacante es otra cosa, ¿en qué estaría pensando ;-)- el puesto para poder ser ocupado por un miembro de un nivel inferior.

  2. La edad de todos los miembros de la jerarquía desciende en una unidad.

  3. Una vez se han determinado los puestos vacantes estos se cubren mediante la ascensión de un miembro del nivel inmediatamente inferior. Esto se hace de arriba abajo, bajando progresivamente en la jerarquía hasta que se llega a su base. Los puestos vacantes en el nivel base se cubren mediante la contratación de nuevos miembros con la misma distribución de competencias y edad descrita en el estado inicial de la jerarquía.

Sólo queda por dirimir el criterio de ascensión de un miembro de un nivel a otro superior. En el modelo se que confrontan dos mecanismos de transmisión de competencia cuando un miembro de una jerarquía asciende de nivel en la misma.

  • Escenario 1: la competencia en el nuevo nivel del miembro que ha ascendido no tiene por qué estar correlacionada con la que poseía en el nivel inferior, denominado Hipótesis de Peter y que, junto con la asunción de que se asciende a los más competentes de un nivel, es lo que conduce al Principio de Peter. Así pues, se asume que la competencia en el nuevo nivel se asigna de forma aleatoria con la misma distribución descrita en estado inicial de la jerarquía.

  • Escenario 2: el miembro que ha ascendido al nuevo nivel hereda la competencia que tenía en el nivel inferior con una pequeña variación aleatoria de +1 ó -1, denominado Hipótesis de Sentido Común.

Por lo que respecta al criterio de elección acerca de qué miembros son los elegidos para ascensión, se contemplan, a su vez, tres casos para cada uno de los dos escenarios anteriores:

  • Mejor estrategia: Elegir a los más competentes, y la utilizada en el Principio de Peter.

  • Peor estrategia: elegir a los menos competentes.

  • Estrategia aleatoria: elegirlos al azar.

Finalmente necesitamos una variable que mida la eficiencia global de la jerarquía, y que viene a ser el cociente de la suma de competencias de los miembros en un momento dado entre la competencia máxima –que es la suma anterior con las competencias iguales a diez-.

Los resultados que se obtienen para una jerarquía de 160 miembros distribuidos en 6 niveles -81 miembros en el nivel 6 o más bajo, 41 en el nivel 5, 21 en el 4, 11 en el 3, 5 en el 2 y 1 el 1 o más alto-, son los siguientes:


En el eje vertical se representa la eficiencia global de la jerarquía que hemos definido al final, y en el eje horizontal el tiempo. Por lo tanto, en el grafico se observa la evolución de la eficiencia global de la jerarquía para cada uno de los escenarios y sus respectivos criterios de ascensión: en rojo tenemos los tres casos del escenario correspondiente a la Hipótesis de Peter y en negro los tres casos del escenario correspondiente al escenario de Sentido Común. Todos parten de una eficiencia global inicial igual a 69,68%, que corresponde a los valores definidos en el estado inicial.

A destacar el escenario correspondiente al Principio de Peter –Hipótesis de Peter más mejor estrategia-, para el que se obtiene el mayor empeoramiento de la eficiencia según indica el Corolario de Peter. Por el contrario la mejor estrategia funciona muy bien para el caso de la estrategia de Sentido Común –la que el Principio de Peter se encarga de invalidar-. Pero el caso que puede resultar sorprendente es el escenario que ha resultado ser el óptimo: Hipótesis de Peter junto con la ascensión de ¡los más incompetentes!. Pero si uno se pone a pensar un poco verá que es el resultado de evitar vaciar un nivel de personas competentes, beneficiándose a su vez de que un incompetente ascendido de un nivel inferior sea competente en el nuevo nivel.

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Por un lado vemos que el modelo computacional corrobora el Principio de Peter. Pero el modelo enseña mucho más que eso, y de ahí su novedad y la razón del galardón. Para entender los nuevos resultados tenemos que echar mano del concepto de estrategia utilizado en Teoría de Juegos.

En la evolución dinámica de la jerarquía se han considerado dos escenarios más o menos antagónicos: el de Sentido Común y el de la Hipótesis de Peter. Aunque el Principio de Peter se encarga de invalidar cualquier excepción al principio, incluido el escenario del sentido común, vamos a pesar de ello a darle el beneficio de la duda al Sentido Común. Y vamos a considerar también que cuando ascendemos a una persona de un nivel a otro superior, es difícil discernir si la ascensión ha seguido el Sentido Común o la Hipótesis de Peter. Donde, en principio, tenemos poder de decisión es en el criterio de elección: ascender al más competente, al menos competente o al azar. En verdad el Principio de Peter también se encarga de asegurar que una jerarquía sólo se asciende al más competente, pero nuevamente vamos a dejar el beneficio de la duda a las otras dos elecciones posibles. Bien, estas tres elecciones son nuestras estrategias. Y, teniendo en cuenta los dos escenarios posibles, podemos construir la siguiente matriz de resultados:


Donde los resultados son unos valores numéricos con los que intento valorar cada uno de las posibles seis situaciones: positivo si incrementan la eficiencia y negativo si disminuyen la eficiencia.

Se observa que los mejores resultados se obtienen cuando se decide ascender al menos competente y se da el escenario de la Hipótesis de Peter, o se decide ascender al más competente y se da es escenario de Sentido Común. Pero con cualquiera de estas dos estrategias el resultado puede ser fatal –una disminución de la eficiencia- si el escenario fuera el contrario; no son estrategias estables. Sin embargo, si se decide seguir la estrategia de ascender al azar, aunque los resultados no son tan buenos como los que se podrían conseguir con las dos estrategias anteriores, la elección es mucho más robusta porque sea cualquiera que sea el escenario el resultado supone una mejora de la eficiencia; esta estrategia es estable. Por tanto elegir al azar los miembros para un ascenso es la mejor forma de mejorar la eficiencia de una organización. Para los más curiosos, la estrategia estable es lo que se conoce como equilibrio de Nash.

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En el ejemplo discutido en el artículo de los investigadores italianos, se ha considerado una organización con 160 miembros, una jerarquía piramidal de 6 niveles con la distribución por niveles mencionada más arriba. Pero los investigadores ha probado con diferentes configuraciones y los resultados son los mismos. De hecho, han desarrollado una aplicación para realizar los cálculos con diferentes configuraciones. Esta aplicación está disponible de forma on-line aquí. Cada uno puede hacer sus propias pruebas y experimentos, y cualquier departamento de Recursos Humanos de cualquier organización debería probarlo.

Yo mismo, he estado probado y, acuciado por la posibilidad de que tengamos que vivir del trabajo hasta que la muerte nos separe, probé con edades de jubilación más altas. No creo que los resultados que he encontrado modifiquen la batalla entre políticos, sindicatos, empresarios y trabajadores, ni provoque un ciclón en los mercados: pasé el resultado equivalente al del gráfico anterior a frecuencias dentro del espectro auditivo humano, lo metí en un sintetizador de sonidos y me salió la voz de Julio Iglesias cantando “la vida sigue igual”.

5. Epílogo

No puedo dejar esta entrada sin nombrar a otros de los premiados en los Ig Nobel de este año, concretamente a los premiados en el área de Economía.

Los galardonados son los ejecutivos y directivos de Goldman Sachs, AIG, Lehman Brothers, Bear Stearns, Merrill Lynch, y Magnetar por crear y promocionar nuevas formas de invertir dinero –maneras que maximizan el beneficio financiero y minimizan el riesgo financiero de la economía mundial, o de una parte de la misma.

Creo que sobran los comentarios. Yo, además, hubiera añadido “y por hacer payasadas con ecuaciones y fórmulas matemáticas”. De todas las 10 áreas galardonas, fue la única en que ningún premiado fue a recoger el galardón. Desde luego, hay que ver lo paradójico que resulta observar el gran sentido del humor que posee la gente que se dedica a trabajar en cosas serias, y el poco del que adolecen los que se dedican a, digámoslo de una manera neutra, otras cosas.

28 septiembre 2010

La persistencia de la memoria

Un día como hoy de hace treinta años se escucharon por primera vez en la televisión estas palabras:

“El Cosmos está constituido por todo lo que es, lo que ha sido, o lo que será”.

Se trataba del estreno en EEUU de la monumental serie de divulgación científica Cosmos. En concreto, es la frase con que comienza el primer capítulo de la serie, emitida por primera vez el 28 de septiembre de 1980.

Cosmos es una serie documental que probablemente muchos recordarán, aunque no creo que tan intensamente, tan a flor de piel, con tal hormigueo en la espina dorsal, como la gente de mi generación. En realidad, en España tuvimos que esperar cuatro años a que fuera emitida por TVE durante el invierno de 1984-85. Pero, en verdad, fue el momento justo para aquellos privilegiados que hace veintiséis años teníamos 14 septiembres, más o menos. Estoy seguro que con diez años no hubiera sido lo mismo. Pero en ese momento justo, cuando comienza a despuntar el alba de los amores de la vida, justo en ese momento sirvió para fundamentar vocaciones incipientes, si no iniciarlas desde la ausencia. Aún hoy, se me pone la carne de gallina cuando escucho la misma música que podéis estar escuchando vosotros si le habéis dado al play sobre el widget musical que encabeza esta entrada.

Aunque a primera vista Cosmos es una serie que narra el esfuerzo titánico que el ser humano ha realizado para explicar el vasto mundo que le rodea y comprender su posición en el mismo, en realidad es mucho más que eso. Tiene que ver con la inquietud intelectual, la capacidad de hacerse preguntas, la falta de pereza a la hora de no dar nada por sentado, la honestidad frente a los hechos, el placer por descubrir… Una serie de habilidades que el creador de la serie, Carl Sagan, supo imprimir a través de una narración elocuente y precisa, a la vez que poética, y que es en gran medida responsable de su éxito internacional. Una serie de habilidades que la Naturaleza ha seleccionado de entre el amplio acervo humano como aquéllas idóneas para desvelar sus secretos. Una serie de habilidades que, en definitiva, constituyen lo que conocemos como Ciencia.

Si bien estas habilidades sólo son requeridas de manera estricta por el juez de la Naturaleza, no cabe duda que constituyen una excelente enseñanza y una buena influencia a la hora de transitar por otros campos, como la Economía, la Sociología y la Política –por qué no el Management e incluso la Dirección de Proyectos- que no disponen de un juez estricto como el de la Naturaleza pero que se pueden beneficiar igualmente del uso de dichas habilidades. Sin embargo, no deja de ser curioso, cuando no aterrador –el siglo XX está repleto de ejemplos de este último tipo-, que supuestas grandes figuras de estos campos dictaminen que sí existe dicho juez –así lo es cuando afirman que son disciplinas científicas- cuando la aplicación en dichos campos de las habilidades que he citado anteriormente brilla en la mayoría de los casos por su más total y absoluta ausencia. En este sentido, Cosmos no es un mero documental de divulgación científica. Además transmite una serie de valores muy útiles para enfrentarse al mundo y a la vida en sus diversas facetas.

Para mí, existe un capítulo de la serie que ilustra a la perfección este espíritu. Me refiero al tercer capítulo, donde se narra la lucha de Kepler contra el celo de los planetas en desvelar su caprichoso movimiento alrededor del Sol. Y la lucha, no menos dramática, consigo mismo. El capítulo da comienzo con la siguiente frase enigmática:

“Hay dos formas de ver las estrellas. Como son realmente y como desearíamos que fuesen”.

Kepler dedicó gran parte de su vida a intentar desvelar qué hacía que los planetas se movieran alrededor del Sol en la manera que lo hacían. La primera parte de este esfuerzo, durante las postrimerías del siglo XVI, está marcada por el intento frustrado de enmarcar las pocas observaciones de las que disponía con ideas vigentes muy arraigadas desde los tiempos de Aristóteles y Platón, como son el círculo y los cinco sólidos regulares. Con el advenimiento del nuevo siglo XVII, y en disposición de un mayor número de observaciones, además de mucho más precisas, descubre que la única manera de dar cuenta de las observaciones es renunciar a las órbitas circulares y sustituirlas por elipses. Además, como regalo por haber enfocado el problema desde la orientación adecuada, obtuvo “gratis” la manera de calcular las posiciones de los planetas en cualquier momento además de otras relaciones. Esto que ahora puede parecer muy trivial, no lo era en la época de Kepler. Hacia el final del capítulo, la voz de Carl Sagan prosigue:

“Cuando (Kepler) vió que sus apreciadas creencias no concordaban con las observaciones precisas, aceptó la triste realidad. Prefirió la cruda verdad a sus más queridas ilusiones”.

Después de un silencio tenso, resuelve:

“Ese es el corazón de la ciencia”.

La serie está llena de momentos como éste. Aún recuerdo muchos de esos momentos tal como los viví esas noches mágicas del invierno de 1984-85. Pero lo fascinante de todo ello es que, después de 26 años, un par o dos de revisiones, y haber llegado sus contenidos a ser incluso mi trabajo durante algún tiempo, sigo sintiendo un hormigueo en la espina dorsal cada vez que los veo. Los momentos se han sucedido incluso después de la serie. Sirva el siguiente montaje como colofón a esta nota conmemorativa.


No sabría decir en qué medida aquella experiencia del invierno de 1984-85 ha marcado mi vida. Pero a buen seguro le debo parte de lo que he llegado a ser, lo que he sido durante los últimos veintiséis años, o lo que seré.

02 julio 2010

Profetas en un mundo globalizado

Supe por primera vez de la historia allá por los años noventa cuando la leí en el absolutamente imprescindible “El hombre anumérico” de John Allen Paulos; un título que debería ser el libro de cabecera en la futurible asignatura de educación financiera en la escuela. Leedlo y sabréis por qué.

En esa misma época ya habían pasado unos pocos años desde la última reposición que TVE hizo en los 80 de la serie de televisión “Alfred Hitchcock Presenta”; la original, la de finales de los años 50. Y entonces no sabía lo que ahora acabo de descubrir: que dicha historia fue llevada a la pantalla en uno de los episodios de la serie. Probablemente no viera ese capítulo en mi adolescencia, aunque intentaba no perderme ni uno; existen un total de 273 episodios. Quizás lo viera realmente, pero se perdiera en el laberinto de poros que conforma la memoria. El caso es que hasta hoy, el libro de Paulos era la fuente más primigenia que tenía de dicha historia. Hasta hoy.

El segundo episodio de la tercera temporada de la serie, titulado “Profeta por correo” es una pequeña joya educativa que también debería formar parte del currículo de nuestra necesitada asignatura de educación financiera.

Pero vamos con la historia. Voy a contar la versión de la historia que se puede encontrar en el libro de Paulos, y os dejo para que salgáis corriendo luego a haceros con el episodio presentado por Hitchcock y disfrutéis de su dramatización para la pantalla. Un episodio que, como diría un periodista típico, es de rabiosa actualidad pese a sus 53 años.

Paulos plantea la historia de la siguiente manera. Si durante seis semanas seguidas recibierais por correo las predicciones de un asesor de bolsa acerca de cierto índice del mercado de valores y las seis fueran acertadas, ¿estaríais dispuestos a pagar por recibir la séptima predicción? Pues ojo al siguiente timo: alguien que se hace pasar por asesor financiero envía 32.000 cartas a otras tantas personas. Las cartas hablan de un elaborado sistema informático, de experiencia financiera y contactos. En 16.000 de las cartas predice que cierto valor de bolsa subirá, mientras que en las 16.000 restantes que bajará. Tanto si sube el valor como si baja, envía una segunda carta pero sólo a las 16.000 personas que recibieron la predicción “correcta”, fuera esta la que fuera. En 8.000 de ellas predice un alza para la semana siguiente y una caída en las restantes 8.000. Repite el procedimiento una tercera vez con las 8.000 personas en el que el pronóstico ha sido el “acertado”. Siguiendo el procedimiento, al final de la sexta carta enviada a los 1.000 “supervivientes” hasta ese momento, quedan 500 personas que han recibido seis predicciones “correctas”. En la siguiente carta, la séptima, se les recuerda esto y se les dice que para seguir recibiendo tan valiosa información habrán de aportar 500 €. Si todos pagan, nuestro asesor se saca 250.000 € y que salga el sol por Antequera. Dice Paulos que si esto se hace a sabiendas y con intención de defraudar, es un timo ilegal. Aunque se acepta si lo hacen involuntariamente unos editores, serios pero ignorantes, de boletines informativos sobre la bolsa.

La lista de Paulos parece muy corta, creo que para evitar ser políticamente incorrecto. Pero existe una variopinta pléyade de personajes, que ahora mismo tengo en mente y que vosotros os podéis imaginar fácilmente, que alargaría, y de qué manera, la susodicha lista. Porque es que son legión. Una consecuencia del mundo globalizado de la que no se suele hablar. Y también del anumerismo generalizado de la sociedad. Dicen que nadie es profeta en su tierra. Obviamente, este refrán tiene su origen en un mundo menos poblado o, al menos, no interconectado. En la aldea global, por el contrario, el profeta es una consecuencia inevitable del azar. Quién le iba a decir a Demócrito que la necesidad podía ser una consecuencia del azar. Sobre esto ya escribí en una entrada antigua. Una aplicación del mismo fenómeno a otro tipo de “éxitos”. Otra entrada de temática parecida es ésta.

Y ahora es el momento de hacerse con el episodio y verlo. Si creéis que os lo he contado todo, no es así. El episodio tiene un final sorprendente, haciendo honor al estilo de la serie.

15 marzo 2010

Manifiesto por la enseñanza de la calcopirita

Uno de nuestros insignes científicos, el fallecido hace menos de dos años Francisco J. Ynduráin, cuenta en su altamente recomendable, aunque lamentablemente descatalogado, libro ¿Quién anda ahí? que en 1492 se inauguró en España una larga época de desprecio de nuestros gobernantes hacia la ciencia. El instructivo hecho en cuestión tuvo que ver con la siguiente historia. Cuando Cristóbal Colón presentó sus ideas de viajar a la India por el camino de Occidente, evitando las rutas orientales monopolizadas por portugueses y turcos, la reina Isabel la Católica consultó a expertos de la Universidad de Salamanca, entonces uno de los centros mundiales del saber geográfico y cartográfico. Los muy competentes científicos de esta universidad recomendaron a la reina que no hiciese caso al genovés: los cálculos en que éste basaba sus previsiones de viaje eran totalmente equivocados, y el recorrido a la India por Occidente era tres veces más largo de lo que Colón pretendía. En ese acto de desprecio mencionado, la reina no hizo caso del asesoramiento de los sabios salmantinos y financió el viaje. El resultado es sobradamente conocido y, por supuesto, los expertos salmantinos tenían toda la razón. Lo que salvó la expedición de haber acabado en un acto suicida olvidado por la historia es que, en realidad, se convirtiera en un inesperado cisne negro positivo para la corona. Una oportunidad que, por desgracia, nunca se supo aprovechar.

No sé si cuando Ynduráin se refería a una larga época, tenía en mente que había finalizado o no, pero los siempre actuales debates sobre los insuficientes presupuestos de I+D, la reciente manifestación, o lo que un servidor ha podido constatar por su experiencia profesional en este campo, me llevan a concluir que esa larga época todavía no ha concluido y, por lo que lamentablemente se puede observar, no va a finalizar ni tan siquiera en el medio plazo.

Toda esta diatriba es una consecuencia de la entrada anterior. Porque detrás del problema sobre el que se ironiza –a saber, la necesidad de conocimientos financieros en la sociedad- se observa, entre otras cosas, el profundo desprecio que, no sólo nuestros gobernantes, sino gran parte de nuestra sociedad, incluido parte del mundo académico no científico – y aquí incluyo una parte del pensamiento establecido en las autodenominadas ciencias económicas, sociales y políticas-, siente por la ciencia en general y por la actividad científica en particular.

En realidad sí que creo en la necesidad de incluir conocimientos básicos y honestos de finanzas en los currículos educativos; a lo largo de nuestra vida vamos a tomar decisiones en dicha materia y conocer su funcionamiento va a ayudar, si en realidad lo queremos, a tomar mejores decisiones. Pero considero que es un gravísimo error hacerlo a costa de despreciar otros conocimientos que, como poco, son igualmente necesarios. Me refiero a los conocimientos científicos. Porque es probable que muchos alumnos de secundaria y bachilleres nunca vuelvan a toparse con la calcopirita, mientras que sí abrirán una cuenta en el banco, pero sí que le iría mejor a esta sociedad conocer cosas como el dióxido de carbono, que no es un mineral de cobre como la calcopirita sino un gas poco reactivo gracias al cual estamos aquí, pero que también podría hacer que dejáramos de estar aquí. En la actualidad existe un mercado para el intercambio de emisiones de dióxido de carbono cuyo funcionamiento se rige por mecanismos similares a los utilizados por los mercados financieros. Seguro que conocer qué es eso del “ceodos”, y su ciclo de vida, es tan importante o más que conocer el funcionamiento del mercado para tomar decisiones.

Pero… Esperad un momento… Resulta que la calcopirita también tiene repercusiones económicas, sociales y políticas bestiales –y no me quedo corto con lo de bestia como vemos ahora enseguida. La calcopirita es una fuente minera para obtener cobre. El mundo actual dejaría de existir tal y como lo conocemos si dejara de existir el cobre. Adiós a las transacciones bancarias y la compraventa de acciones. El cobre es tan importante que hasta se compra y se vende como las acciones de una empresa o las divisas, con los mismos mecanismos. El cobre ha llegado hasta ser el catalizador de un golpe de estado y el establecimiento un una brutal dictadura militar. Vaya con la calcopirita, puede llegar a afectar nuestras vidas, a pesar de que parecía que nunca nos íbamos a topar con ella.

Sin embargo, el conocimiento científico tiene una faceta mucho más importante que la presente en los dos ejemplos anteriores. La sociedad actual se enfrenta a problemas para cuya resolución son necesarios los conocimientos científicos, así como para tomar buenas decisiones. Y mucho me temo que la mayor parte de los que toman las decisiones adolecen, en el mejor de los casos, de dicho conocimiento. Digo en el mejor de los casos, porque, como decía al principio, la actitud puede llegar a ser de desprecio. Debates actuales, estériles y circulares, como los de la cuestión energética, la energía nuclear, el efecto invernadero, etc., estarían posiblemente resueltos si no estuvieran liderados por políticos, periodistas e intelectuales con un alto grado de analfabetismo científico y, a veces, opiniones interesadas. En definitiva, la ciencia trata del funcionamiento de la naturaleza, de la que formamos parte, por lo que es crucial comprender su funcionamiento. Después de todo, la ciencia intenta aprehender las regularidades que se observan en la naturaleza, siendo sus leyes universales descubiertas, no inventadas. En cambio, la fórmula del interés compuesto no es más que el resultado de un consenso arbitrario humano. De hecho, podría haber diferentes tipos de economía y realmente las ha habido. De entre todos los premios Nobel de Economía que ha habido, encontraremos casi tantas descripciones diferentes de un mismo hecho como nobeles ha habido. Sin embargo, todas las descripciones realizadas por los nobeles de las disciplinas científicas siguen actualmente vigentes, a pesar de que su trayectoria es mucho más dilatada y se remonta a los albores del siglo XX. Y no es porque unos sean más listos y otros más tontos, no se trata de eso y, de hecho, no lo es en absoluto. La diferencia radica en que la ciencia trata de hechos naturales objetivamente juzgados por la imparcial naturaleza. Sin embargo las teorías económicas son modas subjetivas producto de una época o una ideología. Una muestra clara de la universalidad de la ciencia es que, aunque debe haber muchos nobeles de economía que no se estudien en China, sí que estudian a los científicos como Feynman, Dirac, Einstein e, incluso, a Newton –éste último para desdicha de los discípulos de Thomas Khun y demás posmodernos y relativistas, que creen que la gravitación newtoniana es un paradigma obsoleto y superado, y que, sin embargo, es utilizada por China para poner sus satélites en órbita.

Pero recuperemos el hilo inicial de esta entrada. Decía hace cuatro párrafos que la motivación de esta entrada era la anterior. Y, aunque hace tres párrafos aclaraba que no se trataba de negar la necesidad de formación en finanzas, llegamos finalmente al eje central de la discusión. ¿Quién va a formar en finanzas? La respuesta a esta pregunta asusta. Porque claro, si los que se supone que son los expertos en finanzas son, para ser benévolo, los que han venido haciendo el más espantoso ridículo durante estos últimos dos años… Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Y es que el tema es de alto riesgo: aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Porque a ver qué se enseña, no sea que se materialice alguna de las más oscuras pesadillas de Taleb: “La formación hace al inteligente ligeramente más inteligente, pero al tonto lo hace enormemente más peligroso”.

13 marzo 2010

Papi, papi, en el cole me van a enseñar cómo se hace para hundir la economía

Si alguien pensaba que el tornillo de la economía se había quedado sin rosca, ahí va una vuelta de tuerca más: media vueltecita por aquí, media vueltecita por allá. Et voilà, no sabemos de finanzas.

La duda me corroe: ¿quién nos va a enseñar?

21 noviembre 2009

Sobre relatividad, oportunismo y saturación

Después de que hace 14 meses una avería abortara el experimento de mayor escala de la historia de la humanidad, ayer por la tarde el acelerador de protones del CERN pudo por fin volver a funcionar. A pesar de que el hecho es idéntico al de septiembre del año pasado, ambos sucesos presentan una gran diferencia desde el punto de vista mediático: el año pasado tuvo una gran repercusión que fue animando el ambiente desde meses antes del inicio del experimento –que, por cierto, nunca llego a materializarse- debido al falso, aunque muy goloso para los vende-alfombras, pronóstico de que el experimento podría destruir el universo conocido –desde luego, hay individuos a los que se les debería restringir el visionado de ciertas películas-. Y es que este año, la reanudación del experimento ha pasado prácticamente desapercibida, lo que no está nada mal.

Quizás el absurdo fenómeno de la gripe A o, ahora que han comprobado que el bulo ha causado menos efecto que la vigésimo-segunda parte de Viernes 13 o un tejano con camisa gastada y deshilachada de franela a cuadros armado con una moto-sierra, la nueva y preocupante mutación del ínclito virus a lo patrulla X le hayan robado el protagonismo. Aunque creo que es más probable que se deba a una renovación en el tipo de castigo que nos espera, un castigo que se hace de esperar más que Godot. Y es que a los judeo-cristianos nos va la marcha. Eso sí, hay que darle un toque de innovación. Porque ahora es lo que está de moda.

Y digo yo que el acojone de hace 14 años debería seguir vigente, al menos para los acojonadizos, porque entonces el experimento nunca llegó a consumarse por causa de la avería y este año, si no hay un nuevo percance, sí. La semana que viene. Así que si tenía pensado vacunarse, hágalo antes de que a los chalaos del CERN les dé por jugar al billar con protones y antiprotones. ¿Lo sabrá la patrulla gripal X?

27 octubre 2009

Gestión de la Incertidumbre, ¿una nueva área de conocimiento? (1)

“Su índice el fallo escribe: si tu piedad impetra,
si tu ingenio excogita, si tu fe intercede
por borrar una línea, tu voz nunca penetra;
ni tus lágrimas juntas lavarán una letra.”

Rubaiyat, Omar Khayyam


Primera parte: de la incompetencia inconsciente


A lo largo de estos largos cuatro años de blog se me ha preguntado bastante sobre la incertidumbre, sobretodo solicitando dónde se puede encontrar información sobre “incertidumbre”, concretamente en el contexto de los proyectos –no en balde, pues no cabe duda que la incertidumbre es uno de esos misteriosos personajes ocultos tras la penumbra de la próxima esquina que claramente acechan de manera no menos misteriosa en los proyectos-. Y, la verdad, es que lo primero que se me viene a la cabeza es coger una guitarra que nunca he podido afinar y emular a Manolo Tena y desentonar su “y yo no sé que contestar”. Bueno, en realidad, así como tal, como un tema en sí, no existe. Más que una guitarra desafinada, ni tan siquiera hay guitarra. Quién sabe si en la edición 69 del PMBOK –ahora acabamos de estrenar la cuarta-, en un futuro no se sabe cuán próximo o lejano, el capítulo 13 –buen número para tan escurridizo asunto, jeje- contenga la décima área de conocimiento, a saber, Gestión de la Incertidumbre.

Pero la verdadera verdad de la buena, es que sí que puedo dar información. Existen cosas muy interesantes ahí fuera sobre el tema sin necesidad de recurrir al agente Mulder; excepto que se encuentran dispersas formando parte de diferentes disciplinas, como pueden ser la psicología, la neurología, la biología, la filosofía, la economía, las matemáticas e, incluso, la literatura. Aunque a la incertidumbre se la conoce sobretodo experimentando la vida, viviéndola, exponiéndose a ella, aprendiendo de ella, sufriendo y/o disfrutando de algunos revolcones con ella. Todo esto que he dicho puede parecer muy pluridisciplinar y fenomenológico, pero es que un director de proyecto que se precie es un verdadero hombre del Renacimiento.

Como, hasta donde llega mi conocimiento, no he visto ningún tratamiento unificado de la incertidumbre en el contexto de los proyectos –concretamente en la línea donde confluirían los estudios de las materias que he citado anteriormente- y, además, se me suele preguntar por ello, he decidido afrontar yo mismo el reto en esta serie indefinida de entradas, a pesar de que un primer pronóstico augure un resultado bastante incierto.

Antes de entrar en cualquier discusión acerca de tan escurridizo concepto, deberíamos hacer un esfuerzo por definirlo o, al menos, acotarlo. Para ello voy a enunciar la que considero que es la mejor definición operativa de incertidumbre que, por cierto, no es nada nueva y que se debe a G. L. S. Shackle:

Incertidumbre es anticonocimiento

Y para ilustrarlo voy a valerme de la magistral metáfora que utiliza Nassim N. Taleb en su libro El cisne negro. Cuenta Taleb que Umberto Eco clasifica a los visitantes de su biblioteca personal de más de 30.000 libros en base a dos categorías: aquellos, la gran mayoría, que se quedan impresionados ante el tamaño de su biblioteca y le preguntan cuántos de esos libros ha leído; y esa pequeña minoría que ha captado la verdadera utilidad de la biblioteca como una herramienta de investigación y no como una extensión del ego. Porque, en realidad, los libros ya leídos son menos valiosos que los que quedan por leer y, cuanto mayor es el conocimiento adquirido a través de los libros que hemos leído, mayor debería ser el número de libros no leídos de nuestra biblioteca. Por el contrario, solemos tender a tratar el conocimiento como una propiedad personal que protegemos y defendemos a toda costa, como algo que nos permite escalar puestos en los diferentes niveles de nuestras sociedades, mientras ignoramos, subestimamos en el mejor de los casos, los drásticos efectos que pueden producir todas aquellas sorpresas que se encuentran ocultas en todos los libros no leídos. Nos tomamos el conocimiento demasiado en serio; como poco, mucho más en serio que el anticonocimiento, y esto nos deja en una situación muy desfavorable ante lo desconocido, a merced de la incertidumbre.

Una consecuencia muy importante de esta definición es que el riesgo no es incertidumbre. Que no sepamos en qué medida un hecho concreto y conocido, como por ejemplo que un proveedor no haga cierta entrega crítica a tiempo, pueda o no suceder en un futuro no significa que dejemos, por ello, de tener un conocimiento acerca del hecho ni de sus consecuencias en caso de hacerse una realidad. Resultados inciertos son aquellos que llegan a ocurrir sin haber tenido, ni tan siquiera, un atisbo de conocimiento acerca de su mera existencia. Para los riesgos, existe una disciplina muy bien conocida que es la Gestión de Riesgos; para la incertidumbre, en cambio, sólo podemos esperar a la salida del sol por Antequera.

Se suele vender la Gestión de Riesgos como una panacea, pero creo que no pecaría de atrevimiento temerario si afirmara que es un silencio a gritos entre la mayoría de los directores de proyecto que, en el fondo, no acaba de resolver su problema frente a la incertidumbre. Porque, en realidad, la Gestión de Riesgos nunca ha dejado de aferrarse a lo conocido. En el peor de los casos, la Gestión de Riesgos puede llegar a extrapolar el conocimiento a esa región oscura que aún le está vetada, ejercicio que puede resultar peligroso y desastroso cuando sólo conduce a falsas y erradas ilusiones.

Todos los viajes a lo desconocido son inciertos, y son viajes que deben ser realizados sin alforjas porque en la mayoría de los casos sólo son un lastre en ese viaje, unas gafas opacas que nos impiden ver con claridad el paisaje ignoto que se nos va descubriendo a medida que avanzamos. Pueden parecer viajes poco agradables. Hasta peligrosos. Pero son los únicos que ensanchan las fronteras y conducen a grandes recompensas. Porque, como una vez dijo Richard Feynman, es “en la admisión de la ignorancia y de la incertidumbre hay una esperanza para el movimiento continuo de los seres humanos en alguna dirección que no esté confinada y permanentemente bloqueada, como ha sucedido tantas veces en diversos periodos de la historia del hombre”. Y como sucede en tantos proyectos.

Por cierto, curioso título el de esta entrada…